El taller de la Madreña 

Caso: un museo vivo de la madera

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El Museo de la Madera de Caso conjuga la relevancia medioambiental de esta Reserva Natural del Parque de Redes, a la vez, Reserva de la Biosfera, con la no menos relevante tradición madedera, que lejos de las explotaciones forestales indeseables, ha respetado a conciencia su naturaleza. Los montes siguen como hace siglos y la presencia del hombre no es nada soberbia. Para comprender mejor los méritos madederos de este concejo, puede uno acercarse al Centro de Interpretación del Parque, situado en la capital Campo de Caso.

Desde allí, y con el conocimiento necesario, partimos rumbo a la aldea de Veneros, Conjunto Etnográfico, con más de una seña de identidad asturiana entre las que destaca el Museo de la Madera. Fue impulsado por una asociación vecinal y actualmente cuenta con una surtida colección de las maderas más básicas del parque y del conjunto del Principado. Como la del fresno, muy abundante, o el roble, árbol mitológico ya venerado por los antiguos druidas; el castaño o el haya, este último con una gran extensión en toda Asturias.

Acercarse al Museo de la Madera nos proporciona más de una gratificación, como aprender a discernir, a partir de entonces, qué especies arbóreas nos encontramos por el camino. Saber también aspectos más precisos, como que un haya puede llegar a alcanzar los 40 metros de altura y vivir 300 años. Por otra parte descubriremos las herramientas empleadas en el trabajo forestal, así como los útiles más usados en la zona para las labores de carpintería y ebanistería, incluida la fabricación artesana de madreñas, de la que Caso es un máximo exponente en el Principado. En los tiempos de esplendor contaba con cerca de un centenar de artesanos y un buen número de trabajos indirectos y paralelos a este desempeño.

Foto de Arnaud Späni.

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Hablar de “madreñes” es hablar de una cultura, como la rural, que en Asturias convivió durante decenios con caminos sin asfaltar, y caleyas encharcadas que requerían de un calzado autóctono que solucionase la cuestión de caminar sin embarrarse demasiado. Les madreñes ocupan un lugar destacado en el citado Museo de la Madera de Veneros. Las hay de todas clases y condición, así como de todos los lugares del mundo, principalmente de la España cantábrica y la Europa continental. En el fondo se parecen a los zuecos de madera centroeuropeos, pero les ganan en altura y adaptación al medio, pues cuentan con un talón y dos tacos delanteros para mejorar el aislamiento de la humedad y el barro. Básicamente existen dos modelos, los más angostos y cerrados para pies embutidos en “calcetos” (calcetines gordos), o los que están fabricados para pies que previamente se introducen en una zapatilla. Por otro lado, se llegan a descubrir algún añadido más o menos sofisticado y estético, como madreñas con tacones anexos, de quita y pon, que las mozas calzaban para asistir a las fiestas y ganar algunos centímetros de altura.

Les madreñes fueron el calzado de generaciones y generaciones rurales, y los madreñeros, sus artífices, sólo empezaron a escasear con la aparición de otro tipo de calzado de goma, impermeable y más barato. En cualquier caso muchos son los que por hábito se siguen calzando estos zuecos, y también son muchos los que por romanticismo o nostalgia llegan incluso a coleccionarlas en los lugares más insospechados de Asturias y la Península.

Taller de la Madreña de Pendones

Y es que una madreña no es cualquier cosa. Lo sabe bien Luis Testón Lozano, que a sus 54 años es una de las personas que aún hace pervivir este arte. En su Taller de la Madreña de la aldea de Pendones (un centro complementario al Museo de la Madera) aprendemos muchas más cosas de este noble trabajo y nos sentimos admirados por la maestría con que se ejecuta.

Luis nos cuenta que la primera generación de madreñeros de la que se tiene constancia data de 1770-1780, aunque él afirma, como otros muchos conocedores de la historia rural, que este oficio se remonta bastantes más decenios en el tiempo, dada su extrema funcionalidad para los núcleos rurales. El municipio de Caso es un referente de lo que ahora se ha convertido en una artesanía selecta que se encuentra en peligro de extinción.

Testón coge el “hachu” y a ojo va moldeando el tronco para darle forma a la madreña. Se parte de un tronco de haya delgada, más excatamente de la parte inferior del árbol por ser más duro. Al final del proceso el par es simétrico y puede ser calzado por un número exacto de pie 36, 37, 38, 42. Dice Luis que en este trabajo “hay que andar con más cuidau que un cirujanu del corazón”. Y no le falta razón, porque viendo como las astillas van cayendo de forma caprichosa resulta difícil de creer que no haya existido un error de cálculo que dé al traste con el trabajo. Las últimas fases de la elaboración son, si cabe, más preciosistas. Del hachu se pasa a la azuela, que permite un mayor control en el trabajo fino. Se emplea después el taladro para hacer el hueco del pie. Por fuera se termina de pulir el zueco con herramientas como la Llegre, el raspón, el cepillo y mucho pulso. Finalmente la madreña puede barnizarse o ahumarse con humo de escoba, se le practican unas hendiduras con destreza que a la postre forman un dibujo de motivos principalmente florales, y después se la frota con un trozo de tocín (tocino casero). Listas para lucirlas sin complejos.

Antiguamente Caso abastecía el mercado astur con unos 50.000 pares de madreñes al año. Actualmente esta artesanía es casi un culto, y el calzado en sí, más que un producto de mercado, es ahora una reliquia de madera pura asturiana, muy agradable al tacto. Si tiene ocasión no se pierda esta magnífica oportunidad de conocer este oficio in situ, o lo que es lo mismo: una cultura y una naturaleza interrelacionadas que han sabido conservarse fieles a sí mismas apoyándose la una en la otra. El taller de la Madreña, 10.0 out of 10 based on 3 ratings

Información de interés

Dirección:
Veneros
33990, Caso

Teléfonos de contacto: 985 60 80 97 y 985 60 80 02 (Ayuntamiento).

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