Cuando Don Juan Noriega, en la última década del siglo XIX subió a un vapor para cruzar el Atlántico, llevaba en su equipaje la esperanza de volver, apenas un adolescente cuando salió del vecino pueblo de Cué, trabajo y ahorro, años de espera y por fin el regreso.
Todo esto es fruto de ese esfuerzo, cosecha recogida bajo otros cielos y otros soles, para no olvidarlo aquí están sus palmeras y los magnolios centenarios recordándonos la aventura indiana. Bienvenidos a La Hacienda de Don Juan.
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