La emigación asturiana a América a finales del
siglo XIX y comienzos del siglo XX fue todo un fenómeno
social que con el paso de los años ha entrado a formar
parte de la historia de la región. Tanto por lo que emprendían
los indianos de regreso en su tierra natal, como por
la huella imborrable que la asturianía ha dejado
tras de sí en varios países de Sudamérica y
América Central.
La fundación Archivo de Indianos-Museo de la
Emigración, ubicado en la localidad de Colombres,
en el vecino concejo de Ribadedeva, es a buen
seguro una muestra perpetua y muy completa
de este pasado migratorio, en el que el visitante
con interés descubrirá suficientes motivos para
entender cómo numerosas edificaciones, incluso actos sociales y parte del folclore actual de Asturias son deudores de aquellas familias que cruzaron el charco.
La casa donde se ubica el archivo-museo fue construida por el que fuese emigrante a México Iñigo Noriega Laso, que volvió a su tierra cargado de dinero y con la intención de construir todo un recinto señorial en el quedase constancia de su fortuna.
El edificio data de 1906 y lleva el nombre de Quinta Guadalupe en honor de la esposa del fundador. Su interior es absolutamente elocuente, habla por sí solo de una estética única, la indiana, que refuerza los sentidos con la solidez que aportan los mejores y más exóticos materiales de construcción. En esto eran muy perseverentaes los indianos, llegándose a extremos de barcos cargados de madera cruzando el Atlántico por encargo, para construir una casa en Asturias con la madera más joven del trópico. En el museo se han reconstruido algunas dependencias con mobiliario de la época. El resto del edificio está ocupado por una exposición permanente sobre los distintos aspectos de la emigración: desde billetes que hablan de la salida de los emigrantes y los puertos de destino, hasta los grandes centros sociales de la emigración española que hoy en día tienen una gran actividad y que surgieron décadas después de que se adquiriesen aquellos billetes, y no con poco esfuerzo, por una buena parte de la clase campesina de Asturias. De esta forma, los recuerdos y objetos de aquella partida tienen tanto peso como el sentido de morriña que marcó al asturiano emigrante durante décadas en su exilio.
|
|