Candás, turismo en villa marinera

Un pueblo en conserva

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Esta villa marinera, localizada en uno de los puntos más septentrionales de la península -a tan sólo 13 kilómetros del Cabo Peñas-, ha sido hecha a imagen y semejanza del mar Cantábrico. Pocas localidades pueden presumir de una historia tan vinculada al mar.

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En el año 1232 se constata la primera cita documental de la caza de ballenas en Asturias, y fue en el puerto de “Entrelusa” (pequeña cala situada en el término actual de Perlora). Dicen que el propio Carlos V pidió como dote, en su desembarco en Asturias, nada más y nada menos que este pequeño enclave ballenero. Son muchas las leyendas que refuerzan su protagonismo marítimo, como la que sostiene que el Cristo de Candás, el Cristo por excelencia de todas las cofradías de Asturias, el Cristo más marinero que se conoce, fue rescatado por pescadores candasinos de las bravas aguas de Irlanda en el siglo XVI. Cuentan también que, una vez en Candás, la talla portaba pendientes imitando a los marineros locales distinguidos por atravesar el temido Cabo de Hornos. El Cristo preside la Iglesia de San Félix, un inmueble neobarroco -con restos primitivos de la iglesia románica del siglo XII- que constituye uno de los santuarios más concurridos del centro de Asturias.

El mar, el mar, el mar…

Durante gran parte de su historia, Candás fue el puerto que marcó el precio del pescado en Asturias gracias a su gran desarrollo conservero. Comenzó su auge en el siglo XVIII con la tradición de salazones y escabechados y se desarrolló ampliamente en el XIX, hasta mediados del siglo XX, cuando llegó a haber 24 fábricas de conservas en la villa. Existe una exposición permanente de la industria conservera de Candás ubicada en el antiguo aljibe de una fábrica de conservas, en el Parque Les Conserveres. Un centro en el que se recorre recorre la historia de esta actividad con verdaderas joyas de la época, piezas originales relativas a máquinas, utensilios y materiales de esta industria.

En las proximidades de la dársena del puerto se alza la estatua de La Marinera, representando con gesto de sufrimiento a todas las mujeres que acudían a puerto esperando el feliz retorno de sus maridos. El Faro de Candás es otro de los símbolos locales. Situado en el cabo de San Antonio, al borde de un acantilado de 40 metros, señala la entrada al puerto. Para llegar al mismo existe una senda que parte del centro urbano. Desde este promontorio, en días despejados, podemos atisbar hacia el Este el espigón del Puerto de Gijón, y hacia el Oeste todo un maravilloso litoral que se extiende hasta el Cabo de Peñas. En el entorno descubrimos unos legendarios cañones que la corona española mandó colocar para proteger el pueblo de los ataques de los corsarios ingleses.

Paseando por Candás

Pasear por Candás es una experiencia gratificante. Podemos partir del propio puerto y su paseo marítimo, que junto a la cercana playa urbana de la Palmera es una de las zonas más concurridas, donde abundan los establecimientos hosteleros y los restaurantes. Aunque, si nos gusta caminar, bien podemos empezar nuestra excursión desde los impresionantes acantilados cercanos al cementerio y descender hacia la villa contemplando unas vistas únicas, pasando al lado de las playas de Sequiro, Solfín y Rebolleres. O subir a la Punta San Antonio, donde se encuentra el faro, para bajar después al puerto haciendo escala en el Museo Antón de Escultura. Un museo muy bien proporcionado y con suficiente prestigio como para atraer obras contemporáneas de relevante peso y tamaño artístico. Está ubicado en un caserón del siglo XVIII, rodeado de un amplio jardín en el que podemos dar un gratificante paseo entre esculturas de toda condición. Nos acercamos a un troll extraño, casi un ogro, greñudo, que con gran desparpajo sujeta uno de los símbolos candasinos: la sardina. También nos sobresalta un rostro enorme tirado en el suelo, una cara monumental como las de la Isla de Pascua.

Conservas asturianas

Las calles de Candás destilan aires de conserva y artesanía, con tiendas especializados en piezas exclusivas y productos asturianos por doquier, sobre todo latas de conservas únicas: calamares y fabes, anchoas artesanas, bonito a la sidra, pimientos rellenos de bonito, salpicón de marisco, patés de sardina, bígaros al natural, oricios en caviar, tortillas de algas y un largo etcétera que constituye todo un renacimiento de esta industria enfocado, eso sí, al comercio gourmet.Nos sorprende un mural de casi diez metros de largo de la salve marinera, pintado sobre una de las paredes de la plaza candasina de El Paseín. La pintura está considerada una de las piezas más preciadas de este museo al aire libre que es Candás.

Un rico patrimonio

En el casco urbano existen bellas muestras de arquitectura civil como el propio Ayuntamiento, sobrio y robusto, un imponente edificio del siglo XX. También una vida cultural nada desdeñable, como muestra la fecunda agenda del Teatro Prendes. Cerca del núcleo úrbano son innumerables los atractivos para el visitante, como la Quinta Clarín en el barrio de La Rebollada, donde pasaba largas temporadas el escritor Leopoldo Alas Clarín, que ha incluido a Candás en muchos de sus relatos; o la Torre de Prendes de época medieval, en una suave loma a 7 kilómetros de Candás. Una sólida construcción cuadrada levantada entre los siglos XIV y XV de la que sólo se mantienen dos alturas. La Iglesia de Santa María de Piedeloro, en el pueblo del mismo nombre, está declarada Monumento Histórico-Artístico y consta de una sola nave de factura románica del siglo XII. La Capilla de San Roque, en el monte Fuxa, a unos 300 metros del centro urbano, fue construida a comienzos del siglo XVI para rogar al santo que no entrase la peste en Candás. El 16 de agosto tiene lugar la fiesta en su honor, con misa en la capilla y posterior romería. Horreos, paneras propias de esta zona, fuentes, caleros y lavaderos de antaño salpican las aldeas del concejo.

Arqueológicamente destaca la Cueva oscura, en Perlora, allí se detectó la presencia de los primero moradores de carreño. Cerca de este enclave se levantó durante el siglo XX la ciudad de Vacaciones de Perlora, ciudad sindical en su origen que tubo su época de esplendor durante los años 60 como sede de retiro vacacional. Se encuentra situada a unos 2 km de Candás, a orillas del mar, tiene acceso a dos playas y miradores al Cantábrico. Hoy en día presenta un manifiesto deterioro al que se quiere hacer frente dándole un nuevo enfoque turístico.

El magnetismo de esta localidad como lugar de veraneo ha estado y está plenamente respaldado por una villa típicamente asturiana, un litoral sorprendente y una inmejorable ubicación, a tan sólo 15 kilómetros de Gijón y Avilés y a 30 de Oviedo.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com