Cudillero, el espejo del mar english

De peces y hombres en Cudillero

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Pocos pueblos se reflejan en el agua como Cudillero. Una villa que da nombre a todo un concejo del occidente y que es siempre su imagen por duplicado. El gran espejo de Cudillero retrata casas que se escalonan hacia arriba, formando consecutivas terrazas urbanísticas que van ganando altura.

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La palabra Cudillero hace referencia a la forma recogida de su desarrollo. Tiene su origen en una analogía orgánica, la del codo. En el siglo XIII se llamaba Codillero.La visión de este escenario plegado en sí mismo y pintado en el mar, bien ha merecido unas buenas secuencias cinematográficas. De esto se encargó el director Jose Luis Garci en su galardonada “Volver a empezar”, el primer Oscar del cine español. Si ustedes quieren comprender mejor la fotogenia del lugar pueden transitar inicialmente por la ruta de sus miradores: El paseo al faro, La Garita, La Atalaya, El Pico…

Cudillero: villa marinera

Desde las alturas pronto se comprende que Cudillero es una villa nacida y desarrollada en torno a la actividad pesquera. Llegó a tener la flota más grande de Asturias y una de las más importantes del Cantábrico. Una estampa que aún se repite con frecuencia es la de los barcos llegando a un abrigado puerto, que al igual que el pueblo resulta recogido y admirable. Muy cerca encontramos una moderna rula del pescado, y al lado un pequeño astillero y nuevas estructuras industrial-artesanas que se preocupan de sacarle rendimiento productivo y comercial a lo que consiguen los anzuelos.

Picar en Cudillero es fácil. Si lo prefieren: tapear. Y no cualquier cosa, sus habitantes, conocidos como “pixuetos”, son excelentes gourmets del mar y pasan por “sibaritas” a la hora de seleccionar el plato, a ser posible: un buen pescado. Cabe aclarar que en torno a las excelencias culinarias del rape, conocido aquí como pixín, surge una nueva analogía con el gentilicio de sus gentes. Pixín – Pixueto. Hombre y pez. El hombre de paladar exigente; el pez, el mejor que se haya pescado.

Ha existido siempre una pequeña rivalidad entre los habitantes de los barrios altos y los más pegados al puerto. En el de Cai, en la zona alta, viven los caízos que tradicionalmente vivían de labores agrícolas. En la parte baja, Cuideiru, habitan los pixuetos preocupados por la pesca y últimamente por el turismo que acude a la villa para visitarla y para sentarse en la mesa de una terraza en la plaza del pueblo.

Nos encontramos en la zona más espaciosa del codo. En estas mesas nos topamos de frente con lo más exquisito del mar, con el toque justo de la tradición de su cocina: merluza del pincho, el citado pixín (rape), el besugo, los pescados de roca y los mariscos de la zona, centollos, langostas, percebes y un largo etcétera. Como plato característico está el curadillo: un pescado de la familia de los escualos que se cura al aire y se guisa al modo tradicional. Cudillero y su mar deparan los mejores platos y las sobremesas más recordadas en medio de un entorno pintoresco a todas luces.

Qué no debemos perdernos

Para quien quiera atender a otro tipo de motivos para visitar esta villa, que no se preocupe, también los hay a poco que se busquen. Destaca sobre todo la localidad de El Pito, donde se encuentra el Conjunto Palaciego Selgas, conocido popularmente como el Versalles asturiano. Al margen de una decoración de ensueño: tapices, relojes, mobiliario, dentro se descubre impresionante colección de obras de arte, con óleos de Tiziano, Goya y El Greco. También en El Pito está la Iglesia de Jesús Nazareno, del siglo XIX, que conserva en su cripta el altar prerrománico más antiguo de España (siglo VIII).

En Cudillero mismo, destacar sus dos construcciones más importantes: La iglesia parroquial de estilo gótico, y la Capilla del Humilladero, su inmueble más antiguo.

Si tuviésemos que describir en breves líneas el municipio al que da nombre Cudillero, comenzaremos por decir que casi la totalidad del litoral del concejo, desde la Turbera de las Dueñas (declarada Monumento NaTural) hasta el límite con el concejo de Valdés, está incluido en la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos, bajo el nombre de Paisaje Protegido de la Costa Occidental. En el territorio se concreta un apreciable contraste entre la costa y el interior. El litoral está dominado por los acantilados altos (de una altura media de 80 metros): Cabo Vidio y su faro (en este caso con alturas de más de 100 metros), Punta Borona, Punta de Malperro, el Cabo de la Concha de Artedo, etc. El interior del concejo es montañoso aunque menos escarpado que el resto de la comarca. Las Peñas de Cuetu marcan el techo del concejo, los 786 metros de altitud.

En los descansos de los acantilados se abren ensenadas como La Arquina, o varias playas preciosas como Aguilar, la Concha de Artedo, Oleiros, San Pedro, La Cueva, Vallina, El Silencio, Destillo o Ballota. En esta costa también quedan en ocasiones al descubierto cortantes islotes de película.

Decir por último que el 29 de junio se celebran las fiestas de L’Amuravela. Una cita con la sorna asturiana. En ellas un pregonero hace una relación en pixueto (habla de Cudillero) de los acontecimientos del año en forma irónica y crítica.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com