El desfiladero de las Xanas english

En busca de las xanas

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El desfiladero de las Xanas es considerado como el “mini Cares”. Una ruta de bastante menor recorrido que la senda reina del paisaje asturiano pero que iguala sus proporciones en belleza y espectacularidad.

Este hermano pequeño de la famosa Garganta del Cares es para muchos aficionados al senderismo un recorrido incluso más bello, alejado de la masificación del primero, con una variedad de ecosistemas más rico y también más apto para todas las edades; sin importar demasiado la condición física del excursionista.

Foto de Camilo Alonso.

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Para hacer la ruta de las Xanas hemos de disponer de entres dos y tres horas, nos bastarán para atravesar esta garganta natural y dar la vuelta a nuestro punto de partida.

Cruzaremos lentamente el desfiladero, atravesando zonas abruptas de un sendero que en algunos puntos está trazado a más de 80 metros sobre el río Viescas o de las Xanas. En el trayecto, dominado por un perfil rocoso y encañonado, nos toparemos túneles, puentes y manantiales naturales. La segunda parte de nuestra excursión será a través de un bosque de gran frondosidad.

La senda tallada en la roca fue construida en los años cincuenta con la intención de comunicar pueblos pertenecientes a tres municipios: Santo Adriano, Quirós y Proaza; pero las obras no llegaron nunca a finalizarse, quedando hasta le fecha como un camino que viene a las mil maravillas para los intereses del senderista.

El desfiladero propiamente dicho constituye una angostura de dos kilómetros de longitud, con desplomes verticales espectaculares de casi quinientos metros, que son el resultado de la paciente excavación de la montaña por el río Viescas en su descenso para confluir con el Trubia.

El nombre del desfiladero hace honor a la mitología. La Xana es el hada asturiana por excelencia. Vive desde siempre en las cuevas de los ríos y en las fuentes. Un personaje que no podía tener mejor personificación que una ruta como ésta, en la que el agua es dueña y señora de la naturaleza.

El influjo ancestral de este paisaje es aún mayor en algunos tramos del propio río que resultan muy apropiados para practicar el barranquismo. Tras una hora de camino desde el inicio de la senda, podemos desviarnos si tenemos tiempo y descender al arroyo, colocarnos los trajes de neopreno y comenzar una aventura distinta: tres o cuatro horas para vivir a tope a base de rapeles, toboganes y saltos de agua de impresión.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Recorrido:

Tenemos que acercarnos hasta Villanueva, capital del concejo de Santo Adriano. Podemos hacerlo por la carretera N-634 desde Oviedo, dirección Grado, o por la Autopista A-66 desde Oviedo. Tanto por la Nacional como por la Autopista llegamos a Trubia. Allí enlazamos con la AS-228 que nos lleva hasta Villanueva.

Poco antes de esta localidad, a nuestra izquierda, hay un área recreativa donde podemos dejar el coche. Aquí existe señalización clara del comienzo del sendero.

Al poco de comenzar atravesamos un pedrero; a nuestra espalda dejamos el valle de Proaza y los montes que separan Teverga de Quirós.

Seguimos ascendiendo y entramos en el desfiladero. Cruzamos varios túneles en lo mas abrupto del camino. Poco después, atravesamos un bosque de hayas para cruzar el río Viescas por un puente de madera.

Tras una ligera subida por un prado empinado, llegamos al pueblo de Pedroveya, final de nuestro trayecto donde, entre otras cosas, podemos admirar un Tejo centenario.

El regreso lo haremos por el mismo itinerario.