El espacio natural de Cobijeru

El cobijo del mar cantábrico

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El mar se permite pocos caprichos, pues su conducta siempre se somete a los designios de la gravedad y la atmósfera. Sin embargo en Cobijeru, Buelna, el Cantábrico ha encontrado un acantilado poroso por el que ha ido excavando un túnel pacientemente, como un reo que trata de escapar del oceáno, deslizándose sobre una arena interior cercana a los árboles y a la vegetación terrestre.

Las mareas pierden la compostura en Buelna, se cansan de batir contra la roca y se fugan, buscan un “cobijo” tranquilo. Como no puede ser de otra manera, el paisaje que ha creado este capricho es inusual, pero sobre todo muy bello.

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La playa de Cobijeru es coqueta y reducida (unos 50 m de longitud y 30 m de anchura) es la prueba manifiesta de que el mar lleva escapando por ese agujero desde hace mucho tiempo. Cautivan las formaciones calizas, estiradas y puntiagudas que aún sobreviven a la intrusión del mar, son rocas que pertenecen al carbonífero superior y que presentan un modelado kárstico muy singular, con abundancia desmesurada de dolinas, lapiaces, simas y cuevas.

La playa de Cobijeru pervive junto a praderías y tierras de labor, y se conecta con el mar a través de una grieta de varias decenas de metros. Si uno se acerca a ella escucha perfectamente la acción del oleaje, y algún bufido repetitivo que provoca cierto temblor en las inmediaciones. A escasos metros se sitúa la playa del Molín de características muy similares, pero con un suelo de naturaleza fangosa con ricas comunidades vegetales y las ruinas de un antiguo molino de mareas que constatan un hecho cierto: que el hombre nunca deja pasar la oportunidad de una energía tan fácil en las inmediacines de su territorio, por muy recóndito que sea su escondrijo.

Cobijeru: espacio protegido

Las dos playas y la cueva de Cobijeru constituyen este espacio protegido que rodean las acacias como un fortín de la naturaleza. La cueva, que incluye estalagmitas y estalactitas, se ubica en el entorno inmediato de ambas playas y el tramo de acantilado que por el norte separa la línea costera, creando también un resalte rocoso en el que la erosión ha dejado un arco de piedra, conocido como el Salto del Caballo. Este complejo constituye una de las singularidades geomorfológicas de mayor interés del litoral llanisco.

La playa, el “cobijo”, también es asaltada por las aguas desde el norte. Una arroyo que con el paso del tiempo y sus crecidas ha favorecido la erosión de las rocas posteriores, contribuyendo a crear más arena y más playa. El entorno es redondeado, como una calva en mitad de la arbolada y la vegetación exhuberante. Todo parece tender a camuflar más aún este rincón, y sin embargo llegar a este sitio tan especialmente oculto no es un ejercicio de riesgo, más bien un paseo tranquilo por los prados llaniscos, siguiendo un sendero que parte de Buelna y porque el que vamos transitando sin prisa. Primero,las perspectivas abiertas de la costa; después, la tupida foresta que lleva a Cobijeru.

Si tenemos suerte y se nos cruza en el camino, también podremos disfrutar de especies vegetales rarísimas de ver, como la Zostera noltii, incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Flora, así como la Carex distans, Salicornia dolichostachya y S. fragilis, por su rareza y localización puntual en Asturias.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Buelna está fácilmente accesible ya que está al pie mismo de la N 634 que atraviesa el municipio. Desde la aldea a Cobijeru son apenas 15 minutos caminando. El camino está señalizado.