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El bosque de Peloño

Un mar de hayas en Peloño

El bosque de Peloño

Un mar de hayas en Peloño

El interior del Monte de Peloño, este inmenso hayedo, alberga una vegetación propia, la que permite la poca luz que dejan pasar los árboles. Los musgos y sobre todo los líquenes proliferan extraordinariamente.

El bosque está vivo y es inteligente pues se protege constantemente del calor que no le conviene. La disposición de las hojas del haya, en horizontal, hace que sólo el 2 por ciento de la radiación que reciben las copas llegue al suelo.



Las 200.000 hayas del bosque de Peloño, en el municipio de Ponga, se visten a la moda: de verde intenso durante la primavera y de un sobrio color pardo en la temporada otoño-invierno. Sus 15 kilómetros cuadrados de vestimenta están protegidos (Reserva Natural Parcial) y lo convierten en un espacio único en España, un enorme parasol que contiene la humedad atmosférica como en pocos lugares. Sus hojas caduciformes le permiten mudar el cromatismo general de todo este vasto espacio y, a la vez, desempeñar un valor ecológico primordial, pues protege el suelo contra la erosión y lo nutre con esencia orgánica.

Ecosistema del bosque de Peloño

En principio sombrío, como todo hayedo que se precie, Peloño transmite sin embargo un enorme placer, límpido y luminoso a los sentidos del excursionista humano. Además permite que la fauna autóctona del Principado siga contando con su hábitat predilecto. La sombra y la hojarasca son aquí el mejor baluarte de la vida animal. Las hayas producen un fruto muy nutritivo, el hayuco, que madura entre finales del verano y las primeras fechas del otoño. El hayuco es muy apetecido por el oso pardo, el urogallo, los carboneros, la paloma torcaz y diversas especies de roedores. La población oriental de oso pardo cantábrico sitúa en Peloño su límite occidental de distribución. Peloño también es el núcleo principal de la población de urogallo, conservando numerosos cantaderos en uso. Al mismo tiempo este hayedo es la casa por antonomasia del pico mediano, pájaro carpintero extremadamente raro. Aquí viven también, en las zonas más calizas, importantes poblaciones de rebecos y lobos. Entre las especies de fauna cinegética más significativas abunda el jabalí, el corzo y, en menor medida el venado.

Los brotes de haya son infinitos, están por todas partes, y conviven y se nutren de las hojas muertas y de un cementerio de troncos tumbados y cubiertos de musgo. Los árboles que ya son abuelos presencian con calma este flujo vital que no para, y en su afán contemplativo parece que han perdido el sentido del crecimiento, que se conforman con su altura, y se dedican entonces a enroscarse sobre sí mismos, engordan, se cargan de nudos y crean formas siniestras, en muchos casos auténticas esculturas o totems de la naturaleza boscosa, siempre con autoridad centenaria en medio de la nueva vida.

En el horóscopo celta el haya simboliza a las personas elegantes y prácticas y está vinculada a la diosa madre y a la fecundidad. Una fecundidad que las hayas imponen por decreto natural en un total de 1.507 hectáreas, de las que 1.455 pertenecen a los pueblos de San Juan, Casielles, San Ignacio y Vago. A Peloño le gustan las hayas, y a base de reproducirse y crear un entorno húmedo ha colonizado totalmente el monte que le da nombre, forjándolo a su imagen y semejanza e impidiendo que otros árboles competidores puedan desarrollarse con comodidad. Sólo los robledales parecen resistir en los límites vitales de este gran hayedo que, en último término, resulta ser una especie de gran anfiteatro surcado por multitud de riegas y circundado por sierras altas. El fayeu o hayedo que tapiza el monte Peloño está enmarcado dentro de los límites naturales de una gran depresión circular que forman El Rasu (1.617 m.) al norte, Pileñes (2.021 m.) al sur, Sen de los Mulos (1.056 m.) al este y el Collau Zorro (1.845 m.) al oeste. La hidrografía está protagonizada por los cursos de agua que forman el río Canalita o Canalina, que vierte sus aguas al río Mojizo, afluente del Sella. El bosque, tan bien arropado y sin problemas de abastecimiento, ha sabido hacerse dueño y señor de este bache geológico y condicionar la alta publiosidad del cielo que lo cubre, incluso atrae las nieblas que tanto buscan las hayas en sus existencia nostálgica.

Información de interés:

Para llegar a Peloño, lo mejor es acercarse a Cangas de Onís, una vez pasado el puente sobre el río Sella seguimos por la carretera de El Pontón N-625 hasta Santillán (Km. 75). A mano derecha sale la carretera AS-261 que nos lleva a San Juan de Beleño (Km. 88), desde aquí tomamos la carretera PO - 1, hay una subida de unos 3 Km. hasta la collada de Llomena (cota 990 m.) donde dejamos el vehículo.

Una de las rutas posibles: La ruta Norte. Collada Llomena- Collada Granceno - Pradería de Vegadona.

Horario estimado entre 4 o 5 horas. Desnivel de unos 200 metros. De la Collada de Llomena hay que ir por el camino de la derecha que es el más alto y va llaneando en gran parte del recorrido, pasando por la Majada de Les Bedules (cota 1.120 m.), al llegar a la Pierva (Km 2.5) hay que seguir el camino recto sin perder cota pasando por Llevancos, y llegando por la pista que va recto hasta Collada Granceno (1.195 m.), toda esta zona se puede considerar del Monte Peloño y podemos seguir por dicha pista hasta la Pradería de Vegadona distante unos 8.5 Km. Para llegar al corazón del bosque de Peloño hemos de tomar como referencia principal la dirección sur a lo largo de todo el recorrido de la pista.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com


Distancia total: 12454 m
Cota máxima: 1316 m
Cota mínima: 918 m
Desnivel de subida: 1560 m
Desnivel de bajada: -1359 m
Tiempo empleado: 01:29:22
Recorrido: Sólo ida, Les Bedules - Bosque de Peloño

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