Fiesta del Bollu en Avilés

Fiesta del Bollu en Avilés

Con más de 120 años de historia, la Fiesta del Bollu de Avilés es uno de los hitos de la Semana Santa asturiana. La celebración religiosa en esta ciudad suma seis cofradías, con pasos y procesiones de las más populares de Asturias, y la Fiesta del Bollu, celebrada el lunes de pascua con una multitudinaria comida en las calles, sirve de colofón a estos días. La religiosidad da paso a la fiesta.

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La ciudad entera, escenario de procesiones y respetuoso silencio durante los días previos, se llena de algarabía el domingo de resurrección. La Cofradía del Bollu ofrece la misa solemne en la iglesia de San Nicolás de Bari. A continuación el pregón y el inicio de un sorprendente desfile de carrozas engalanadas por las asociaciones ciudadanas; los niños vestidos con los trajes regionales, gigantes y cabezudos, bandas de música y grupos folklóricos. La calle es un espectáculo constante que espera con ansia el día siguiente.

Un lunes al son, una ciudad que come en las calles

El lunes también pude ser un día grande. En Avilés es el día de la semana elegido para festejar la llegada de la primavera y dar carpetazo al ayuno de la cuaresma y al riguroso silencio de la Semana Santa. Una fórmula única que consiste en una comida de hermandad al aire libre. Se viene practicando desde 1993, apelando al espíritu rural de jira y romería, la gente de Avilés adoptó rápidamente la fiesta y desde entonces se desbordan las expectativas. Con muchas ganas de divertirse, toda la ciudad participa y de paso renueva sus tradiciones. La aceptación en la comarca es total. Las cifras de la participación ciudadana hablan por sí mismas: cerca de 5.000 metros alcanzan las hileras de mesas dispuestas en las calles para la multitudinaria comida, más de 20.000 comensales se sientan en ellas y el gremio de confiteros vende más de 6 toneladas del tradicional bollo de Pascua, que es el emblema centenario de la fiesta. La buena convivencia vecinal gana adeptos, año tras año, en este gigantesco y sabroso mantel que es el centro histórico de la villa. Los más jóvenes acuden en pandilla a los parques de la ciudad y eligen el prau como lugar para comer. Se crean peñas para la ocasión, que se sientan junto a las ya creadas: asociaciones culturales, deportivas, sociales y de cualquier otra índole. En el último momento siempre hay personas que vienen preguntando si hay sitio, sobre todo turistas. Y “hay sitio” aunque no quepa un alfiler. La ciudad entera ha salido de casa y disfruta en su papel de anfitriona.

Los sitios para los comensales se deciden por riguroso orden de inscripción, y una vez conseguido el asiento, llega la comida. Cada cual se la trae de casa en cestas y tuppers: tortillas de patata, empanadas, filetes… siempre habrá quien que se acuerde del postre y no falta la sidra y/o el vino. Nadie se queda sin comer ya que se cocina una grandiosa fabada en la concurrida Plaza de España. Más de 3000 raciones para todos aquellos que no hayan sido suficientemente previsores. Se puede picar en una mesa, seguir con el postre en otra, tomarse el café en otra distinta y todo sin que nadie te tome por un aprovechado. Después viene una sobremesa sin prisa, alguna siesta, y vuelven las charangas, las fanfarrias por las calles, las corales de habaneras, la tonada asturiana y, ya de noche, la verbena y los fuegos artificiales.

El bollu es el rey

La celebración en sí data de finales del siglo XIX y en siglo XX fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Homenajea al bollu, ese bizcocho mantecado, con forma de trébol de cuatro hojas o de estrellas superpuestas, formando un castillete y bañado en azúcar glas; decorado con flores de papel y otros motivos, como los tradicionales pollitos. Un dulce presente que los padrinos y madrinas ofrecen ese día a sus ahijados, agradeciéndoles que les hayan regalado la palma bendecida del Día de Ramos. La particular historia de este pan endulzado se remonta al siglo XVIII, cuando los asturianos comenzaron a hacer las Américas. Llevaban entre sus provisiones bollos hechos con harina de trigo, manteca de vaca, huevos; bollos que tenían la propiedad de endurecer y conservarse largo tiempo sin enmohecer. Antes de evolucionar hasta el actual mantecado, el 2 de abril de 1893, varias muchachas vestidas de blanco recorren en antiguos coches de caballos el centro de Avilés. En el carro llevan bollos y vino blanco que se reparte entre los asistentes. Después hay fiesta con gaita y tambor. Se trata de la primera Fiesta de El Bollu, fundada por la cofradía del doctor Claudio Luanco como prólogo a la llegada de la primavera. Las chicas de blanco de entonces son, hoy en día, la Xana, la Xanina y las Damas de Honor del festejo.

En la actualidad, tras el chupinazo de la fiesta el Domingo de Resurrección, Avilés es un trajín constante de actividades. Ferias de alfarería, actuaciones de ballet, teatro, concursos monográficos, festivales musicales, monólogos, gaiteros, torneos y campeonatos de toda condición …

Si puedes pedirte un día extra de vacaciones en Semana Santa, no te pierdas el lunes más festivo. Una cosa es que te lo contemos y otra muy distinta que lo vivas.

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