Huevos Pintos de Pola de Siero

Mandan Güevos


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Hablamos aquí de una de las fiestas más populares de la Semana Santa en Asturias. Los Huevos Pintos, que se celebra en la localidad asturiana de Pola de Siero, el martes siguiente al Domingo de Pascua, es una fiesta bulliciosa, donde se derrocha buen humor, sidra y folclore de la tierra. Aunque no existen documentos escritos que den certeza de su origen, se trata de una de las fiestas más importantes del Principado, y fue declara de Interés Turístico Nacional en 1968.


La fiesta de los Huevos Pintos – que fonéticamente suena fuerte y gutural: Güevos Pintos– es una de las fiestas más populares y coloristas de Asturias. Y lo es por motivos culturales y folclóricos, pero también por cuestiones artísticas.

Pintar un huevo no es un asunto sencillo

En algunos se emplean semanas enteras, trabajando varias horas al día. Primero se dibuja el motivo, se cuece el huevo y, en caliente para que “agarre” el color, se aplica la tinta china, la acuarela, el tinte… Después se barnizan para que el color perdure aunque se manoseen todo el rato.

En La Pola, la técnica está clara y eso que con el paso de los años se han ido desarrollando distintas maneras de pintarlos. Cocidos aguantan años y años, pero hay quien prefiere vaciarlos para que sean eternos. Hace tan sólo unos años, los motivos a dibujar eran de corte tradicional en la mayoría de los casos, con escenas típicamente asturianas. Pero han evolucionado hacia una variedad asombrosa. Hay huevos en los que se ha pintado el Guernica, Las Meninas de Velázquez o las escenas románticas de Gustav Klimt. Auténticas obras de arte, reproducciones muy fidedignas con forma de huevo.

Aunque también se pintan los protagonistas de series infantiles, escenas de películas de culto, personajes de sagas cinematográficas, símbolos regionales, también universales, marcas, logotipos… Se tunean también los huevos con abalorios y accesorios buscando un punto más innovador que no se quede sólo en la cáscara. Hay quien sigue el estilo Pysanky, y los decora con cera de abeja y tintes naturales, o quien recalca los dibujos con un rotring de toda la vida. Y aunque la tinta china es la más usada, también se pintan a la aguada, con aguagoma, al óleo, con acuarelas, a la pluma

En la mayoría de las ocasiones llevan en la parte posterior una leyenda, poesía o frase ingeniosa. Porque hablamos de huevos con aspiraciones: quieren hacernos reír, charlar, pensar, incluso soñar.

Una Fiesta de… güevos

Si nos dedicamos a contemplarlos uno a uno, y con detalle, seremos presa del Síndrome de Stendhal, pero a lo bestia, y el vértigo se apoderará de nosotros mientras recorremos embriagados las calles de La Pola. Así es la fiesta de los Güevos Pintos, una poderosa sensación multicolor que le quita hierro y drama a la recién finalizada Semana Santa. Los martes de pascua son así, ya antaño servían para el regocijo, para gastar bromas, para sentirse ligeros y gráciles tras la resurrección de Nuestro Señor. El huevo es el inicio de una nueva vida, por eso mismo nos viene al pelo en estas fechas. Pero ya antes de Cristo había huevos pintados. Sí.  Podríamos rebobinar 60 mil años atrás y encontraríamos huevos de avestruz decorados.

Indudablemente, los Huevos Pintos son los Huevos de Pascua.

Su significado está relacionado con la Cuaresma y la prohibición de consumir ciertos alimentos, incluidos los huevos, que se iban acumulando en las casas donde había gallinas. Así que al final de la cuaresma, se fue popularizando la idea  de regalarlos a parientes y amigos. La costumbre de enriquecerlos y pintarlos, posiblemente tuvo un origen cortesano.

Y en La Pola (en Asturias también en Sama) se exponen, venden y regalan los huevos que han sido previamente pintados artesanalmente. Se levanta un mercadillo popular a tal efecto, al que llegan miles de romeros de todas las geografías, y después de admirar los huevos toman sidra, desfilan en carrozas, danzan, subastan el ramu y disfrutan por las calles polesas.

Un momento muy especial de esta fiesta es la Bendición de los Güevos Pintos en la plaza del Ayuntamiento; a partir de ese instante corre la sidra, la buena gastronomía, la gaita y la fiesta, culminando con una verbena que se prolonga hasta la madrugada.

Famosa romería de incierto origen

En el siglo XVIII era ya famosa esta romería. Su majestad el Rey concedió al Ayuntamiento de Siero un reglamento donde se autorizaba a la Corporación a gastar una importante suma para sufragar los gastos de los grandes festejos, tanto religiosos como profanos.

En una crónica de 1860, firmada Protasio Sánchez Solís, leemos: “Sólo Oviedo y Gijón llevaron a la célebre romería de los Huevos Pintos un centenar de coches de caballos y una animación imposible de describir”.

Los huevos se cocían entonces en las antiguas cocinas asturianas y se pintaban con el hollín de las mismas. La fiesta se conocía con el sobrenombre de “los Huevos Prietos”. Los progresos de la química, con las invenciones de las anilinas, agudizó el ingenio de los polesos que las usaron para el teñido de los huevos. Ayudándose de palillos mojados en ácido nítrico, escribían nombres, dedicatorias, versos, y se dibujaban escudos, flores, etc. Fue entonces cuando varió el nombre de Huevos Prietos a Huevos Pintos.

La tradición de los Huevos Pintos en Asturias -aunque tenga varios siglos- es de origen incierto. En Siero se ha transmitido de forma oral, de generación en generación. Dicen que tal vez esté vinculada – es solo una hipótesis – a las gentes que llegaron de Centroeuropa a trabajar en las minas de Siero y Langreo, donde se exploran los primeros yacimientos de hulla.

Viniera de donde viniera, la tradición tomó asiento en un trono mullido y aún no se ha levantado.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com