La ruta de las majadas

Por el camino de los pastores

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Pocos verdes hay tan intensos como los de las majadas y puertos pastoriles. Lugares hermosos y evocadores que muy a menudo son también intensas atalayas entre cumbres, desde las que descubrir el verdadero silencio de Los Picos de Europa y su plenitud paisajística. La ruta de las majadas nos acerca esta especie de realidad onírica, en un sendero de largo recorrido que comunica Los Lagos de Covadonga y la localidad de Poncebos, en Cabrales, famosa por ser punto de partida de la Ruta del Cares.

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El recorrido Los Lagos-Ostón-Poncebos, éste puede ser el modo más rápido de resumir una ruta de montaña en la que emplearemos prácticamente todo el día, entre 7 y 8 horas de duración, así que además de que el tiempo lo permita, hemos de estar físicamente preparados para afrontar la excursión.

En nuestro camino, además de admirar el paisaje de las majadas, enlazamos con otra ruta de largo recorrido: La Ruta de la Reconquista, llamada así porque, según sostiene el prestigioso historiador D. Claudio Sánchez Albornoz, por ella huyeron los árabes derrotados en la batalla de Covadonga. En nuestra andadura constatamos de primera mano (asomándonos a los balcones naturales que esta ruta nos regala) las dificultades orográficas a las que se enfrentaron las tropas musulmanas que salieron derrotadas de la batalla. El ejército huido se encontró con la brecha del río Cares que separa el Cornión del Macizo Central. Fue un momento angustioso, como un callejón sin salida. Una profunda hoz les impedía avanzar. Los cronistas dicen de que tomando como guías forzosos a los pastores, lograron descender de las majadas de Ostón por el Canal de Culiembro. Por ahí pasaremos nosotros.

Iniciamos la ruta

Ya en los Lagos, dejamos el coche en el aparcamiento de Buferrera y tomamos la senda que nos conduce al Lago Ercina. Descendemos a la fuente de La Texa y a la primera de las majadas que se cruza en nuestro camino: la majada de la Llomba. Seguimos ruta y muy pronto conquistamos la Majada de Belbín, amplia y hermosa pradería plagada de cabañas perfectamente rehabilitadas donde se elabora y madura el queso de Gamoneu en la variedad de “Gamoneu del Puertu“. La sensación de quietud y tranquilidad nos embarga, sabedores de que pisamos territorios exclusivos de los pastores y sus rebaños. También nos sentimos como intrusos que pueden alterar un equilibrio ancestral. Las Majadas son todas de titularidad pública, gestionadas por los propios pastores al constituirse y organizarses en instituciones de gobierno propias. Las majadas son una especie de pueblos mínimos, habitados temporalmente durante el verano, que recrean siempre un paisaje profundamente humanizado, con las propias cabañas parceladas por muros de piedra, donde resuenan los mugidos de las vacas, los ladridos de los perros que acompañan a las cabras, cencerros y voces de pastores reuniendo a sus reses.

Estábamos en Belbín. Un poco más adelante, dejamos otra majada más pequeña a un lado del camino: la Güelga, y después de una empinada rampa llegamos a la majada de Parres. Encantadora. Seguimos subiendo y al rato entramos en la majada de Arnaedo donde existe una magnífica fuente para repostar y refrescarnos un poco.

Llevamos unas 2 horas de marcha y llegamos al Collado de Sierra Buena (1.400 metros), el punto más alto de nuestro recorrido. Desde aquí vislumbramos unas magnificas panorámicas del macizo central de los Picos de Europa, con su techo “Torrecerredo” y el “pico Cabrones” a su izquierda.

Seguimos ruta y poco después avistamos la majestuosa Vega Maor. Nos adentramos en ella, es mucho más grande de lo que parecía en la distancia. Atravesamos la profunda vega y al final encontramos la majada que lleva su nombre. Desde aquí la bajada es imparable y nos lleva directos a la famosa majada de Ostón, sita en un incomparable lugar y uno de los momentos culminantes de nuestra marcha. Con sus cabañas construidas en una especie de peña colgante resulta ser un pequeño Machu Pichu. Una terraza o rellano con una elegante proa, llamada la Pica de Ostón, a la que subimos en apenas diez minutos, y que resulta ser una atalaya insuperable sobre la garganta del Cares. La perspectiva de las altas cimas de los Urrieles es no menos sobrecogedora. Resulta muy reconfortante disfrutar de la comida en este magnífico lugar. Muy cerca hay una fuente en la que llenar las cantimploras. El manantial no está exactamente en Ostón, sino en Valdelafuente, a unos 7 minutos de la majada, a la izquierda de la misma; las sendas del ganado llevan a ella.

Tras un merecido asueto en esta paraje ensoñador, después de llenarnos la vista con las panorámicas que permite desde sus 970 metros de altitud, es hora de bajar la famosa Canal de Culiembro. Una larga bajada en zig-zag que nos conduce a la Majada de Culiembro y que pone a prueba nuestras piernas cansadas. Unos metros más abajo de la majada se llega a Puente Pando, sobre el río Cares. Después de atravesarlo entroncamos con la archifamosa senda del Cares. A la izquierda continuamos dirección Poncebos. En el otro sentido se alcanzaría Caín.

Aún nos quedaban unos cinco kilómetros hasta Poncebos, con el ascenso a las colladinas como “puntilla” de nuestra inolvidable y esforzada excursión.

Se puede hacer la ruta a la inversa, partiendo desde Poncebos hasta el Lago Ercina. En ambos sentidos lo conveniente es que el transporte nos espere al final del trayecto, bien en Poncebos, o bien en el aparcamiento de Buferrera.

Reportaje fotográfico de Anda Conmigo

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Datos a tener en cuenta
Planificar las salidas conforme a las previsiones meteorológicas. Tanto el sol intenso, como el mal tiempo son factores a tener en cuenta.

Comunicar siempre a alguien la ruta que pensamos emprender.

Emplear calzado apropiado (bota de treking o de alta montaña) que sujeten bien el pie. Los calcetines de hilo o
algodón, evitan la sudoración y las ampollas.

No cargar la mochila con cosas inútiles e innecesarias.

Una linterna nos puede sacar de apuros en caso de aargarse la excursión.

No es necesario cargar con un completo botiquín, pero si llevar una venda, tiritas, esparadrapo, agua oxigenada y aspirinas o paracetamol.

Bajo ningún concepto se deben arrojar al suelo ningún tipo de desperdicio o basura, (plásticos, latas, envoltorios, botellas, etc.). Las mondas de naranja, pan, etc. son biodegradables, pero muy desagradables.

Un transmisor o teléfono portátil pueden ser de gran utilidad en la montaña.