La villa de Ribadesella english

Una villa para pasear

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La villa de Ribadesella es la capital de un municipio cercado por montañas, playas y acantilados. Sin ir más lejos, en el casco urbano se condensan muchos de los atractivos del concejo (municipio de Excelencia Turística desde 1997).A parte de disfrutar del patrimonio y la cultura local, es fácil acercarse a la playa, a los acantilados, a distintos miradores y a entornos naturales protegidos sin salirse demasiado de los límites de su núcleo urbano.

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Muy cerca de La villa de Ribadesella

Mapa: cómo llegar a La villa de Ribadesella


Coordenadas
Latitud: 43.4621544
Longitud: -5.0584745



Darse una vuelta por Ribadesella se convierte en un paseo muy denso y entretenido, con decenas de localizaciones de interés.

Partida en dos por el bello estuario del río Sella, las dos orillas urbanas de la localidad se comunican por un puente sobre la ría. En la zona Este se localiza el casco histórico y las calles centrales de la Gran Vía o Comercio, que confieren al trazado del pueblo un sentido amplio y ordenado y donde se encuentran buena parte de los locales comerciales y de ocio de Ribadesella. Uno de los puntos neurálgicos de esta parte de la villa se encuentra en las inmediaciones de La Plaza Nueva y la Plaza de la Iglesia, un espacio muy concurrido en verano y donde abundan las sidrerías, cafeterías y tiendas. El casco antiguo está peatonalizado y se extiende desde el coqueto parque de la Atalaya hasta su estribación más occidental en el barrio del Portiellu, uno de los núcleos poblaciones que dieron lugar a la villa misma y que marcaron su condición marinera.

El puerto de Ribadesella

La zona portuaria ha sido remodelada en la última década y combina ahora la presencia de redes y barcos de pescadores con su orientación como bulevar: paseo turístico y comercial al pie del ría. La propia desembocadura del sella ha sufrido una transformación en su uso; ha pasado de ser refugio exclusivo de embarcaciones pesqueras -como aún atestiguan los barcos y las lanchas de pesca, o la propia lonja de Pescado (La Rula)- a compartir sus aguas con los veleros de índole recreativo que atracan en los pantalanes de un nuevo puerto deportivo, levantado en la orilla contraria al muelle tradicional. El atractivo de esta zona del puerto se convierte en puro placer estético paseando por el popular Paseo de la Grúa, en el extremo oriental de la ría. Es este un recorrido muy recomendable que se trazó según las directrices arquitectónicas de la época de Carlos III y que resulta muy agradable para el paseo. Caminando por él obtenemos una buena panorámica del casco urbano principal de la villa, pero también de la orilla oeste, incluyendo hermosa Playa de Santa Marina.

En este paseo, el humorista Antonio Mingote ha dejado plasmada su mayor viñeta, en seis murales de cerámica que repasan la historia local. Los que popularmente se conocen como los Paneles de Mingote, son una auténtica obra de arte al aire libre que no debes perderte.

Recorremos el Paseo de la Grúa hasta su final y llegamos a un espacio amplio, con altos muros de contención, desde el que obtenemos una vista cercana del Mar Cantábrico. Sobre nosotros se levanta el Monte Corberu, un promontorio con vistas exclusivas. Desde la zona en la que nos encontramos podemos ascender a él fácilmente por unas escaleras. En lo alto se encuentra la Ermita de Guía, una pequeña capilla que es sede de la Virgen del mismo nombre, la patrona del gremio de los marineros desde tiempos antiguos. En el entorno de la ermita descubrimos cañones auténticos apuntando hacia el horizonte. Se trata de las armas que los antiguos riosellanos empleron para protegerse de cualquier amenaza que llegará desde el mar, llámese piratas o conquistadores extranjeros.

Desde “Guía” obtenemos un mapa exacto de la villa, con sus dos partes claramente diferenciadas, su enorme playa, el amplio estuario y las cordilleras altas que cercan el pueblo por el sur, con su cota máxima localizada en el monte Mofrechu. Hacia el norte seguimos viendo el mar. En el extremo de la playa está el Monte Somos, que junto con el Corberu, en el que nos encontramos, dan a la desembocadura y a la playa un aspecto de concha. Si miramos más hacia abajo descubrimos los pedrales. La costa a los pies del acantilado es de rocas y cantos rodados. Desde donde nos encontramos los perfiles del litoral componen siluetas únicas en permanente proceso de erosión.

Descendemos desde la capilla por una camino que discurre por el monte Corberu y que nos dejará en el casco antiguo de la Villa, concretamente en el parque de la Atalaya. Muy cerca encontramos la playa del mismo nombre, una de las dos zonas de baño más frecuentadas de Ribadesella. La Playa de la Atalaya es un pedral avanzado en su evolución y ha venido siendo tradicionalmente el “solarium” predilecto de los habitantes de esta zona, que prefieren la tranquilidad de esta cala frente al bullicio de la playa de Santa Marina, mucho más concurrida en la época estival. A derecha e izquierda, el pedral de la Atalaya se prolonga en más calas de piedra y zonas de baño privilegidas, con piscinas y pozas naturales para disfrutar del mar en estado puro.

El casco antiguo de Ribadesella

Desde aquí, y reandando el sentido por el que llegamos al pedral, podemos adentrarnos en el casco histórico de la localidad. Se trata de un entorno restaurado y peatonal, con joyas arquitectónicas como la Casa de los Ardines, el Palacio de Prieto Cutre, actual edificio del Ayuntamiento, o la casona del Escudo, que entre otros inmuebles conceden a la zona un título merecido: “histórico artístico”.

La iglesia parroquial de Santa María Magdalena, y su plaza contigua, en pleno casco antiguo, bien merece una visita por su singularidad estética y por las joyas pictóricas que guarda en su interior el propio templo. Destacan los cuatro enormes murales pintados al fresco por los hermanos Bernardo, Celestino y Antonio Uría Aza, situados en las cuatro caras que rematan el crucero y que son una clara alegoría contra todas las guerras.

El casco histórico también alberga el más antiguo “centro de compras” de Ribadesella, su mercado semanal de los miércoles, inaugurado junto a la villa misma en el siglo XIII. En él los pequeños productores de la comarca ofrecen al público las hortalizas del concejo, las frutas de temporada, “fabes”, frutas de temporada, castañas, avellanas y nueces, quesos, dulces de manzana, “pantrucos” o harina de maíz, indispensable para los tortos fritos y para la consistente “borona”, hecha al horno y rellena de embutidos. El mercado semanal es también un escaparate pa los puestos de ropa, utensilios diversos, antigüedades, floristerías, etc.

El conjunto Histórico Artístico presenta un trazado de corte medieval y deja entrever edificaciones con balcones en voladizo, galerías acristaladas, áticos con forma de buhardilla, fachadas con escudos nobiliarios y soportales, con edificaciones que datan de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. El resto del casco urbano en esta orilla del Sella se extiende sobre una plataforma ganada a las aguas de la ría a lo largo de los últimos siglos, y la relativa modernidad de sus cimientos le ha permitido tener un trazado de calles con una gran sensación de amplitud, acorde con las normas urbanísticas de Carlos III, bajo cuyo reinado se acometió el ensanche de la villa y puerto.

En en el ensanche contemporáneo descubrimos edificios sobrios y sólidos de planta cuadrada del siglo XIX que se combinan con otros de construcción más reciente.

La playa de Ribadesella

Al otro lado de la ría, tras cruzar el puente, accedemos al Arenal de Santa Marina. Aquí en el año 1907 la marquesa de Argüelles puso en marcha una singular urbanización. Las lujosas residencias y los hoteles que hoy día podemos observar en esta parte de Ribadesella son una herencia de las construcciones de aristócratas e indianos como la más citada de Villa Rosario, actualmente hotel. Justo en esta orilla del Sella, al pie de la Playa, parte de la burguesía de la época encontró un entorno balneárico apropiado para los baños de sol y de mar, y un lugar perfecto donde residir en largas estancias estivales. En esta zona urbanizada se entremezclan nuevas edificaciones con las muestras constructivas modernistas de principios del siglo XX. Caminar por el paseo de la playa es un ejercicio válido en cualquier época del año.

En su vertiente oriental, la playa de Santa Marina concluye en la llamada Punta del Arenal, donde la ría del Sella toma su última curva antes de desembocar al mar. Este puntal era antiguamente un territorio mucho más vasto, zona de dunas, varadero de lanchas y solar de industrias balleneras. La posterior urbanización de la zona conocida hoy como “La punta” fue cambiando el uso de esta zona y su fisonomía.

Los atractivos de la orilla Oeste del Sella son más que la propia playa y sus joyas arquitectónicas. Muy cerca se encuentran las cuevas de Tito Bustillo y el macizo de Ardines, un entorno de asentamientos paleolíticos con numerosas muestras de arte rupestre magdaleniense que lo convierten en uno de los santuarios prehistóricos del mundo. Para saber más sobre Tito Bustillo.

En la cima del propio macizo de Ardines encontramos además otro estupendo mirador de la villa. Tomando la N-632 dirección Gijón, y apenas abandonado el casco urbano ascendemos por la AS-341 en dirección a la aldea del Carmen. Tras 100 metros recorridos abandonamos esta carretera para continuar a la izquierda en dirección al área recreativa de la Moría. Esta planicie es un lugar de recreo muy frecuentado con el buen tiempo y una atalaya única para disfrutar de la vista del pueblo. La panorámica es amplia: Ribadesella y su puerto, la bahía y desembocadura del Sella, la ermita de Guía, la playa de Santa Marina… También descubrimos el extenso parque natural del Malecón, una marisma alargada que delimita al Sur el paseo de la Playa. El Malecón alberga un gran valor ecológico y es un lugar de paso para las aves migratorias. Se puede descubrir su fauna y flora paseando por el propio parque. Existe una via asfaltada y una serie de pasarelas y torretas para verlo todo muy de cerca.

Si nos decidimos por subir al Monte Somos, ascendiendo una estrecha carretera que parte justo en el límite occidental de la playa, descubrimos también una vista inmejorable de la playa y descubrimos que el pueblo aún continúa hacia el oeste en extensas urbanizaciones que se vienen construyendo desde los años 80. Justo en este extremo occidental encontramos también el paseo de la Punta el Pozu, que bordea el monte Somos en su zona baja y que pone límite a la playa. Al final del mismo nos deleitaremos con la presencia cercana del mar y los acantilados próximos en los que además encontramos, justo al final del paseo, huellas de dinosaurio en lajas verticales que se forman parte de la costa jurásica asturiana.

La ría del Sella

Aún podemos disfrutar de un paseo más si volvemos a cruzar el puente en dirección al casco urbano y tomamos hacia la derecha una vez que concluye. Desde el mismo podio del Descenso Internacional parte el paseo de Los Vencedores del Sella, que discurre junto al río hasta el barrio del Cobayu y que continúa más allá. Este paseo nos descubre al final el área natural de la Mediana. Frente a nosotros se extiende un vasto territorio llano, una joya fluvial, fértil y hermosa que ha sido declarada recientemente entorno protegido y que quizás en un futuro cercano cuente con lo necesario para garantizar un paseo a pie, uno más de los muchos que Ribadesella proporciona a sus habitantes y turistas y que la convierte en una de las villas con más perspectivas de sí misma.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Oficina de Turismo:

Paseo Doña Leticia

Tel.: 985 86 00 38

Cuevas de Tito Bustillo
Tel.: 985 86 12 55
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