Las navajas de Taramundi

Sobre el filo que más corta

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Las navajas artesanas de Taramundi son la última joya de una larga evolución metalúrgica que desde el siglo XVIII se viene especializando en piezas de auténtica cuchillería, con hojas de hierro pequeñas y estrechas, de apreciado corte, empuñadura de madera de boj o brezo, fabricadas pacientemente gracias a la sabiduría de unas manos muy atinadas que pasan de fase en fase en el trabajo, y que lo rematan a base de dibujos geométricos coloreados, propios de la tradición.

Reportaje fotográfico de: Alex Badía


Un trabajo artesano que produce navajas a medida, muy apreciadas por su funcionalidad y belleza, y que en último término se asocia a lo escaso. La producción se somete a los encargos, el trabajo en serie no se conoce, sólo cierta planificación cuando los pedidos son numerosos (lo que ocurre casi todo el año).

Esta artesanía sin par prevalece en este lugar del occidente de la región por varios motivos. Los principales son: la abundancia de mineral, el agua, con caída suficiente para dar potencia a las máquinas soplantes, la madera que se necesita para el fuego en las fraguas o ferrerías, y sobre todo una tradición oral que no ha escatimado explicaciones ni sentimientos afines al hierro. El fuego se aviva también por la costumbre. El sentimiento artesano hacia el metal, que se desarrolló en toda Asturias en el siglo XIX para la elaboración de utensilios del hogar y aperos de trabajo, ha encontrado en Taramundi una continuidad adaptada a los tiempos y a las nuevas demandas del mercado.

El mimo con el que algunos lugareños se dedican ahora a esta actividad de las navajas les viene, pues, de lejos: fraguas, batanes, mecanismos y artilugios de toda condición asociados al agua de lluvia y al medio rural. El forjado siempre fue una derivación de las corrientes de agua, y como el agua de un río fluye hoy en día de forma constante en unos 14 talleres artesanos y en una pequeña industria en la misma capital del concejo. Hacia 1960 había en Taramundi unos 80 talleres artesanos. Hoy en día el visitante puede observar el trabajo de los ferreiros o fabricantes de cuchillos y navajas en Abraído, Aguillón, Bres, Cabaniñas, Esquíos, Llan, Loutima, Mousende, Nogueira, Río del Louro, Vega de Llan y Vilanova. En la Casa de Cultura de Taramundi también se puede contemplar una exposición permanente de cuchillos.

Las falsificaciones y el fraude de este producto artesano es común. Es fácil adquirir una presunta navaja de Taramundi, pero es menos fácil que sea realmente artesana. Así que lo mejor es acercarse a este muncipio y visitar in situ alguno de sus talleres. Así conoceremos una forma de vida y de paso las señas de autenticidad del producto. Después podremos comprar con pistas suficientes.

Talleres artesanos

En el taller de Vega de Llan, por ejemplo, encontramos a los Antonio Díaz, padre e hijo, preocupados por inscribir en sus productos las señales oportunas de lo original, incluyendo la sigla A de su nombre. Ellos nos mostrarán todo el proceso de fabricación. Un trabajo esmerado y pausado, magistral, en busca de una navaja perfecta, única y diferente al resto. Ambos llevan en esta pequeña industria del hierro desde 1974 y dicen que se necesita no menos de cinco años para un aprendizaje como Dios manda. En realidad la destreza y temple que requiere esta artesanía no puede suponer menos tiempo, de esto somos conscientes al contemplar su labor. Las manos del artesano están hechas de paciencia y agilidad a partes iguales, adaptan sus movimientos a los requerimientos precisos de cada etapa.

El trabajo en un taller como éste da como resultado unas 12 navajas al día. El proceso de fabricación tradicional exige conocimientos de varios oficios: herrero, tallista y carpintero. Las fases son multidisciplinares, y la navaja o cuchillo es el fruto de un gremio experimentado en varios quehaceres. Se precisa de un fogón para calentar el hierro. Allí se mete el metal a fuego lento, al rojo vivo comienza la forja. Con mazo y martillo se va buscando el perfil de la hoja. La técnica posterior del afilado a mano de las piezas es única en España. Con un temple suave y un mazo se afila sin problema en manos expertas. Tanto el acero inoxidable, especial para el corte, como la madera para el mango ya esperaban en el taller. Una navaja completa lleva 3 horas. Precisamente la talla del mango, a base de dibujos geométricos de color y el barnizado posterior de la empuñadura con resina, es de lo que más tiempo lleva; el acabado final de la navaja incluye sacar brillo a la hoja, limpiar el interior y fijar las marcas de identidad de la casa entre otros asuntos. Unas pequeñas muescas indicativas en mango y argolla delatan el trabajo artesano. Y es que la producción artesana también comporta cierta especialización: mangos, hojas y argollas se disponen por separado antes del montaje definitivo con señales sutiles que diferencian los pares.

En los talleres, la especialización cuchillera se observa en varios tipos de cuchillos y navajas: navaja de podar (en forma de hoz), navaja de injertar (la mejor para hacer injertos en los trabajos agrícolas), cuchillos de monte, cuchillo jamonero, cuchillo de mesa. En el taller de los Díaz también inventan. Desde 1991 vienen trabajando en un producto que tiene mucha aceptación en el continente: la navaja para cortar setas, con forma específica para esta labor y un cepillo acoplado en el mango para limpiar lo que se recoge. También son famosas sus tijeras pulpeiras, con gran aceptación en Galicia, pues son las más apropiadas para trocear pulpo y pescado.

Los artesanos realizan por encargo especial cuchillos con incrustaciones de plata, oro o marfil. Un verdadero tesoro que cobra mayor valor añadido cuando la materia prima se pule en buenas manos.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Navallas de Taramundi

Lg. Pardiñas, s/n

33775 Taramundi

Atención al cliente: 985 646 810