Los Acantilados del Infierno

Ruta a pie por la costa de Ribadesella

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En Asturias existen rincones dignos de ser descubiertos, paraísos perdidos de leyenda. Gran parte de la costa de Ribadesella es uno de ellos y más concretamente la ruta de los Acantilados del Infierno; un entorno sobrecogedor con precipicios de infarto, donde ejercen su dominio la caliza, las flores silvestres y las aves marinas.

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El espectáculo de las gaviotas que anidan en las paredes de este litoral es único. Decenas de estas aves sorprenden al excursionista con sus graznidos discordantes y ásperos. Este es todo el Infierno que vamos a a encontrar aquí: la armonía de la naturaleza y el rumor del mar roto por estos graznidos, señal de ansiedad o alarma por la llegada de intrusos a las inmediaciones de su colonia.

Las panorámicas marítimas, de enorme belleza, se descubren por doquier. No conviene ser temerario, ni encaramarse a un peñasco, ni dar pasos en falso para disfrutar de una buena vista.

Para iniciar nuestro recorrido tomaremos la carretera AS-263, a 1,8 kilómetros de Ribadesella, entre el campo de fútbol de Oreyana y el desvío a Collera. Seguimos por una pista asfaltada, atravesando la vía del tren veremos un poste con dos señales que nos indican Playa de Arra y Acantilados del infierno. Quizás la mejor opción para disfrutar de este tramo de costa en todo su esplendor es acercarse en primer lugar a Arra para luego retroceder y tomar la dirección a los acantilados.

A 300 metros, junto a una casa, hay espacio para dejar 6 ó 7 coches (GPS: 43º 27´29” Norte y 5º2´39” Oeste). Al Este de la misma, muy pegada, existe una pequeña portilla que debemos atravesar y a 150 metros, de senda marcada por las pisadas, aparecerá ante nuestros ojos este increíble rincón. La vista se pierde muy abajo, en el pedral de Arra, una playa de difícil acceso en la actualidad tras un derrumbe de su escalinata. Nos encontramos en un punto geológico de relevancia mundial, su estudio resulta clave para comprender el origen de Asturias y de la cordillera Cantábrica. Arra es la protagonista principal de un proyecto de investigación que pretende desvelar las formaciones kársticas del Jurásico asturiano. Los geólogos aseguran que este punto explica la evolución de la falla de Ribadesella, una fractura de casi diez kilómetros de longitud que surgió hace 33 millones de años y que atraviesa todo el concejo. Ahí comenzó la historia del peculiar paisaje montañoso de Asturias. Es muy fácil observar esta fractura en el acantilado en el que nos encontramos, que se transforma súbitamente desde formaciones bajas al Oeste -con pastizales hasta el borde mismo del mar- a la costa abrupta y alta que continúa hacia el Este, donde ya pueden verse en primer plano los Acantilados del Infierno.

Debemos alcanzar el área recreativa del Infierno (GPS: 43º 27´35” Norte y 5º1´47” Oeste) volviendo al cruce de la carretera que dejamos atras y tomando la desviación a la izquierda, continuando siempre por la pista asfaltada sin desviarse en ningún momento. Desde el área recreativa no hay otra opción que ir a pie, caminar y disfrutar de una ruta paralela al mar sobre los acantilados. La senda continúa serpenteante, con posibilidades de atajos pero siempre intuitiva y fácil de seguir, atravesando un eucaliptal y más adelante un pinar. Recorremos así los acantilados del Infierno y Tomasón hasta llegar al hermoso islote de Paluverde. En realidad se trata de un farallón o pilar de roca, un antiguo acantilado desprendido del continente por efecto de la erosión de las olas.

Para alcanzar este punto hemos recorrido unos dos kilómetros desde el aréa recreativa. Desde aquí podemos virar al Sur hasta enlazar con el camino de Santiago, que recorreremos hacia el Oeste para volver al área del que hemos partido. Otra opción es continuar con dirección Este por los acantilados hasta llegar, otros dos kilómetros más allá, al Castru Arenes y los acantilados y playa de Guadamía .

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com