Museo de la Sidra english

De la manzana al culín de sidra en Nava

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Pocas cosas tienen tanta capacidad de representar la esencia asturiana de una forma tan minimalista como una manzana o una botella de sidra. Tanto la fruta como su jugo están presentes en la tradición y contemporaneidad de la región, vinculadas al trato social y el talante asturiano. El cultivo del manzano en el Principado se remonta a “la noche de los tiempos”. A falta de testimonios excesivamente ancestrales, se tiene constancia escrita de su existencia antes de los romanos, gracias a crónicas y documentos latinos anteriores a éstos. La primera referencia histórica al cultivo se remonta a la época de los astures.

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La villa de Nava, en el centro geográfico de la autonomía, tiene el privilegio de albergar el museo dedicado a esta seña de identidad tan relevante. La localidad ha volcado su amor al Museo desde el principio, no en vano en pocos lugares se siente a la manzana como en este lugar. En el municipio se concentra una de las mayores producciones sidreras del norte peninsular. Lo buena que está su sidra se pone de relieve más aún en estos tiempos en los que los criterios de calidad, alentados por la reciente denominación de origen, exigen el cultivo autóctono de la manzana. Nava está preparada para seguir producciendo, atender a la calidad y mantener en forma un museo que late al ritmo del consumo y el sentir asturiano.

El vestíbulo cuenta con un amplio mostrador en el que se ofrece información sobre las exposiciones, visitas guiadas y asistencia en otros idiomas para visitantes extranjeros… Las instalaciones están convenientemente adaptadas para la visita de personas con cualquier grado de discapacidad, y todo resulta acogedor y hospitalario, con una ambientación lumínica precisa, salas espaciosas y altos techos.

A través de un tonel, como si se tratase de entrar en otra dimensión, pasamos de la recepción al espacio propiamente expositivo. La visita tiene la intención de trancurrir paralela al ciclo de la sidra, por eso el visitante no deja de asombrarse de la tremenda analogía que se cumple entre el museo y su propio objeto. Caminamos de primavera a primavera o de polinización a polinización.

Llegamos al otoño y las distintas variedades de manzana que se utilizan para la elaboración de la sidra se seleccionan en distintos recipientes y se almacenan transitoriamente en los manzaneros de los llagares. Una vez seleccionadas, las manzanas se trituran para facilitar su prensado. Los pasos se inican y culminan en una ingeniosa interactividad en la que el propio espectador utiliza como materia prima la manzana, ticket de entrada.

A partir de una ilusión óptica, el visitante puede apreciar los distintos procesos que operan sobre el zumo de manzana hasta convertirse en sidra. Al igual que en un lagar o bodega, conviviendo situaciones propias de los siglos XIX y XX, se muestran los artilugios empleados para la manipulación de la sidra.

Los ambientes que el mundo sidrero trae consigo cobran vida propia en un lagar o bodega donde el líquido elemento duerme hasta el consumo. Y como tomar sidra es un acto constituyente de los “chigres” o sidrerías, el museo escenifica también uno de esos rincones de afluencia popular, incluyendo elementos básicos de la cotidianidad de su consumo. Al mismo tiempo como los juegos tradicionales están íntimamente relacionados con la sidra, y para que no falte de nada, se reproduce dentro de las instalaciones una bolera tradicional.

En el “output” social de esta bebida regional también se encuentra el folclore. El visitante puede intentar componer por un rato en una gaita electrónica, o dejarse llevar por los sones tradicionales que tiene memorizados el instrumento.

El microcosmos del museo, por lo tanto, se extiende desde el polen minúsculo a las fiestas más multitudinarias donde proliferan los escanciados. Y la música acompaña atendiendo a su lugar de disfrute, lagar, chigre… por eso se escucha la gaita y el tambor, las tonadas. Asturias en general es música y olor a manzana, al menos allí dentro.

El museo goza además de un amplio programa educativo, que puede consultarse en el mostrador de información. La Fundación que administra el centro no sólo se preocupa del envoltorio divulgativo sino que llega al corazón mismo de la manzana, preocupándose por las mejoras biológicas y tecnológicas asociadas al cultivo, producción y consumo.

Está claro que tomar un culín no es cualquier cosa y que bien se merece un museo.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com

Información de interés

Dirección:
Plaza Príncipe de Asturias, s/n.
33250, Nava

Teléfono de contacto: 985 71 74 22

Más información: Museo de la Sidra