Museo Etnográfico de Porrúa english

Mil historias de la aldea en Porrúa

Museo Etnográfico de Porrúa

En la bella aldea de Porrúa, del municipio de Llanes, famosa por preservar las señas de identidad como pocas, se encuentra la sede de un museo evocador, humilde en sus joyas, porque pertenecen a la vida social de los pueblos asturianos, pero grande en espíritu. Está abierto desde el año 2000 y surgió como iniciativa del propio vecindario, más concretamente por la dinámica Asociación Cultural Llacín, encargada también de organizar año tras año el popular Mercáu Astur de Porrúa.
Frente a frente se disponen las casas que componen el museo, unidas por un corredor volado. Son “casinas” asturianas, hospitalarias al primer golpe de vista.
En la misma finca se encuentra un anexo más reciente del museo que se emplea como sala polivalente para exposiciones temporales de carácter etnográfico.

Relacionado: Costa Oriental, Llanes, museos asturias

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Mapa: cómo llegar a Museo Etnográfico de Porrúa


Coordenadas
Latitud: 43.4112968
Longitud: -4.7993088

Comenzamos nuestra visita por la casa principal, arquitectónicamente de ensueño al mezclar piedra y madera tradicional con un ventanal de vanguardia en la segunda planta. En este espacio se encuentra la exposición más pretenciosa: objetos, utensilios y mecanismo de toda índole relacionados con las actividades más tradicionales del entorno rural asturiano, tanto en su vertiente doméstica, como preindustrial y artesana, que en el fondo confluyen en una misma sociología.

Tal como reflejan los paneles explicativos, el queso y la manteca se elaboraban para aprovechar el excedente del ganado doméstico que no se podían consumir en el día. El ingenio asturiano en la fabricación de lácteos queda perfectamente recogido en una pequeña sala en exclusiva donde se ordenan los útiles y se detallan los procesos de elaboración de algunas de las variedades de la zona.

También tienen espacio propio la memoria de los tejeros. Un colectivo que merece un homenaje aparte por el papel básico que desempeñaban y las penurias de su trabajo. Desde el siglo XVII se tiene constancia de cuadrillas de campesinos llaniscos que se desplazaban temporalmente para fabricar teja y ladrillo a otros puntos de Asturias, Castilla y Vizcaya. Los tejeros de Llanes inventaron un argot o lengua especial y secreta para comunicarse entre ellos llamada xiriga (jerga).

Continuamos la visita sin prisa y nos topamos más señas de identidad de la actividad asturiana de otro tiempo. Ahí está el hierro, las fraguas, talleres donde se elaboran objetos mediante la forja del hierro bruto labrado en las ferrerías, o donde se reparan herramientas y cacharros gastados por el uso. A capítulo seguido se nos ordenan los utensilios de hierro esmaltado que se fabricaron para todos los ámbitos de la vida del hogar desde el siglo XIX. Consisten en láminas finas de hierro con un baño de esmalte generalmente blanco, pero también coloreado.

Como no podía ser de otra forma, también las labores eminentemente agrícolas tienen un espacio reservado. Una serie de arados alineados nos permiten comparar el cambio de la técnica con el paso del tiempo. Los modelos más antiguos que podemos apreciar son de madera con una puntera o “reja” de hierro forjado.

En el apartado más agrario del museo se expone asimismo una singular aventadora: máquina para limpiar cereales y legumbres. Aparentemente se trata de un cajón de madera con una manivela y poco hace sospechar que cumpla tan estrictamente su papel de selección. Sin duda, un objeto más para admirar el ingenio de la tradición.

Nos detenemos en las máquinas de hilado, en los montones de lana, en los tintes y los trajes típicos que resultaban de más labores básicas. Más allá está el rincón del carpintero.

Todo está en el museo etnográfico, apenas falta detalle de la economía tradicional, incluyendo la vieja cuadra, cálida, con su carro del país y sus aperos; y el llagar para la fabricación de sidra, antiguo y casi místico.

Un viaje en el tiempo

A los creadores del museo también les preocupó la etnografía más popular, la relativa a la vida cotidiana, que se relata por sí misma en una coqueta casa a la que no falta detalle: cocina de leña, plato de fabes perenne, camastros e incluso la foto en blanco y negro de los padres o abuelos, tan envejecida que resulta fantasmal.

Salimos del museo-casa con la sensación de retroceder a un tiempo dominado por la rutina de las labores más esencialistas. Hemos tenido la ocasión de conocer también, aunque indirectamente, las relaciones sociales de una comunidad relativamente pequeña en la que trabajo y ocio eran disquisiciones vanas.

Aún tenemos tiempo para comprarnos un recuerdo en la tienda.

Salimos y nos sorprende la realidad del siglo XXI en medio de la que sigue siendo una aldea asturiana. Su presente sólo lo delatan los coches nuevos y alguna edificación moderna. Fuera del recinto, pero pegado a él de forma mágica, sigue creciendo un majestuoso aguacate. Su tronco y ramas armónicas se levantan hacia el cielo. El folleto del museo dice de él que fue plantado en 1906 y que fue traído de México.

Para completar la visita merece la pena darse una vuelta por Porrúa y descubrir qué cosas permanecen inalterables y cuántas han cambiado en su presente.

Información de interés

Dirección:
Barriu Llacín s/n.
33509 Porrúa (Llanes)

Teléfono de contacto: 985 40 25 47

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