Villa marinera de Luanco

Luanco, una villa muy típica

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Sentirse a gusto aquí es muy fácil, por lo que la magia de Luanco es un secreto a voces. Desde el siglo XIX se ha venido consagrando como un enclave de veraneo. Su encanto de pueblo asturiano y su mar en propiedad bien merece, sin embargo, una visita fuera de los meses estivales.

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Dentro del tipismo de la costa asturiana, Luanco sobresale como una de sus villas más pintorescas. Con una idiosincrasia estrictamente marinera, la capital del municipio de Gozón, en el epicentro de la costa central asturiana, combina el sabor del Cantábrico más agreste en el cercano Cabo Peñas, con la esbeltez de sus playas y su recogido casco urbano.

Son muchos sus atractivos diarios: el carácter amable de sus gentes, su excelente cocina, los paisajes marinos o la autenticidad de su casco urbano, en el que la actividad marinera ha generado un tipo característico de vivienda, con corredores que más tarde se transformarán en galerías, pintadas por lo general con la misma pintura de las embarcaciones.

Luanco: sabor marinero

Todos estos alicientes siguen perviviendo cuando el verano y sus veraneantes se despiden de playas y terrazas, dejando Luanco con menos gente pero también con más libertad para que los visitantes ocasionales admiren su envolvente fachada marítima, degusten su carta marinera o disfruten en solitario de las olas rompiendo en los muros del muelle.

Dos playas tiene Luanco en su casco urbano: una que lleva su mismo nombre y la playa de la Ribera. La primera es uno de los principales reclamos para turistas, con una primera línea de construcciones coquetas, derivada de los primeros asentamientos burgueses y sus chales a medida. Un espigón cierra esta bahía. Podemos pasear desde el Gayo (el puerto) hasta el Cabildo (Iglesia de Santa María). La playa de la Ribera, la segunda playa, se abre al mar cerca del muelle. Goza de unas vistas inmejorables, con las lanchas y los barcos anclados a lo lejos y la Isla del Carmen al fondo. Cuando hay pleamar la gente acostumbra a pescar en sus aguas desde el muro.

El puerto de Luanco es el centro neurálgico de esta villa. En la Edad Media servía de abrigo para una gran flota pesquera que se dedicó a la pesca de la ballena. Posteriormente al bonito, la sardina, xarda, pixín, congrio… Hoy en día en el puerto atracan las lanchas marisqueras que capturan centollos, nécoras, langostas o percebes, y que nutren a diario las cartas de los restaurantes y las tapas de las sidrerías, muy abundantes en el entorno del puerto mismo.

A primeros de Julio se celebran las Jornadas Gastronómicas del Bonito. Existe un amplio recetario de platos con este protagonista que se pueden ir saboreando a lo largo de todo el verano, mientras dura la costera. El bonito es el producto más típico de las costas luanquinas; en épocas pasada la abundancia de éste supuso el nacimiento de una importante industria conservera.

Abundan por doquier las botellas de sidra, los bígaros (pequeños caracoles de mar), los oricios (erizos de mar), las almejas… el saber culinario de la localidad también se especializa en estupendos arroces y paellas. Los locales, muchos con vistas al mar, son un lugar idóneo, un nuevo tipo de “restaurantes fusión” que combinan las sensaciones del paladar con las de la vista.

En Luanco nos sorprenden sus callejuelas cargadas de sidrerías y restaurantes, pero también un rico patrimonio que salpica plazas y rincones. La Iglesia de Santa María, cuya construcción data del siglo XVII, es un inmueble Barroco que compone una fotografía única al pie del mar. Tiene una nave alargada y una robusta torre de campanario. En el interior descubrimos siete altares y un retablo mayor de excelente factura. En el exterior destaca el gran Cabildo que rodea el templo sostenido por columnas sobre pedestal. La iglesia pone a resguardo la imagen del Santísimo Cristo del Socorro, cuya festividad se repite todos los 5 de Febrero rememorando el milagro ocurrido tal día de 1776: por su intercesión una lanchas de pescadores de Luanco se vieron libres de naufragar en medio de una galerna. Otras joyas arquitectónicas son la casa noble de Menendez de la Pola, también del siglo XVII, o la Torre del Reloj, situada en la plaza del mismo nombre y construida en 1705.

Luanco tiene también un denso museo dedicado, como no podía ser de otra manera, al mar. Un inmueble que es la sede del Museo Marítimo de Asturias; como un enorme barco, pero también como un submarino, una lata de conservas gigante, una red de la que no se puede escapar, un paraíso de corales, un anzuelo que nos hace picar. Es, además, un museo con nombre propio: el decano de los museos asturianos. Fue fundado en 1948 gracias a una destacada participación popular.

Texto: © Ramón Molleda para desdeasturias.com